PARADIGMA DE LA TENDENCIA SUICIDA DE LA VIRGEN COMO RESPUESTA A SITUACIONES DE LIBRE ELECCIÓN
Compartí útero con mi hermano. No sé quién salió primero pero estoy casi seguro de que no salimos a la vez. Éramos idénticos salvo que yo nací vivo. Luego yo seguí creciendo y el parecido fue menguando. Un día empezó a salirme vello púbico; ese día me dirigí a mi padre y le enseñé mi primer pelo muy orgulloso, pero no me hizo mucho caso. Abrí el cajón donde guardábamos los adornos de navidad y a mi hermano. Cogí el frasco y lo puse encima de la mesa, delante de él me bajé los pantalones un poco para enseñarle mi pelo. Él lo aprobó y se puso muy contento. Nunca fue envidioso.
Escuché a mi padre que se acercaba, así que cogí el frasco para devolverlo a su sitio pero con tanta prisa y miedo que se me cayó de las manos.
Mi padre hizo un par de llamadas por teléfono. Metió al bebé en una bolsa de hielo y se fue a que lo enfrascaran de nuevo. Minutos más tarde moriría en un accidente de tráfico.
Nunca se encontró el cadáver de mi hermano.
Unos tres años más tarde, superada la crisis emocional, mi madre y yo empezamos a salir juntos. Mi madre siempre fue del tipo de mujer conservadora y romántica, así que hasta la tercera cita no me dejó tocarle las tetas. Y ya en la sexta empezamos a acostarnos, (de esto me acuerdo porque sexo y sexta son palabras parecidas).
Al cabo de un par de años, creí que ya podía confiar en ella y la solté. Como resultado, se fugó.
Después de unos meses de depresión, lo único que me excitaba ya eran las vírgenes. Pero después del fiasco de mi madre, no quería volver a sentir que era yo quien llevaba la relación adelante. Quería sentirme elegido. “Mira, ahora voy a penetrarte violentamente. Si no me deseas, te puedes clavar este cuchillo aquí, o aquí, deja de llorar coño, presta atención… o aquí” Todas elegían el cuchillo.
Así, sin sexo, he estado seis años, y lo único que me entretenía era beber y escribir cartas anónimas con palabras recortadas de libros, hasta que un día, en la barra de un bar, un tipo me preguntó si yo era parte de su entorno, y le dije que en ese momento sí, luego que si yo era intelectual, y le dije que no pero que se me daba bien imitar cualquier cosa. Entonces propuso.