Se cayó por las escaleras la hijaputa, pero eso no le hizo perder la elegancia. Aún en el suelo, inmovil, con la cabeza abierta, los sesos fuera, las tripas saliéndole por la boca, aún con las moscas acudiendo ellas como feligreses a misa, aún con la tibia partida, la pierna colgando de un hilillo como un diente de leche de esos apuntito de caerse que la lengua sádica mece mueve y remueve y retuerce para hacerlo caer juguetonamente, aún con la cadera del revés, y esas braguitas de tela blanca con un roal amarillento, un roal burdeos y un roal marroncillo que no se veía pero que de alguna forma podíamos intuir, aún con aquella piel lechosa tirando pa azul reptileo, aún con aquella camisetilla de las supernenas que dejaba al descubierto aquel ombligo infectado por la perforación y rodeado de un extraño prurito fruto de una reacción alérgica al metal, aún con los pies desnudos con esos deditos tan monos, tan… primates, aún con los ojos vueltos hacia arriba, los dientes esparcidos por el suelo como lentejas de ese paquete que creías cerrado, aún con todo, ella no perdía su elegancia y daba gusto verla. Tanto que Johnny mojó sus calzoncillos. En la tele: Muzzy seguía cantando una canción de amor
T’E LO DICHO COÑO ¡QUE TE VAS A CAER!
Publicado en Texto con etiquetas accidentes domésticos, decoración interior, eyaculación precoz, riesgos laborales, salud y belleza el 6 febrero 2009 por kaprovskiEl Primate
Publicado en 1 el 6 febrero 2009 por soflowskyEl primate había tomado la kintimplora de güisqui del explorador entre sus manos, una kintimplora de 3 litros, y se la hacía vaciado entera en el gaznate. El primate, maldito primate hijo de satanás, iba borracho, pedo, con una buena curda, iba como una cuba el cabrón, iba tostao, beodo, ebrio, iba bebido, llevaba una moña, iba hasta el culo, con una buena mierda encima, iba que no veía, con una melopea, iba cargadito, no tenía que hacer dos viajes, llevaba un trozo, una cogorza, un pedal, una tajada, iba más que achispado, más que contento, iba feliz, se llamaba Miguel.
LAS VAGINAS MÁS CERRADAS VIENEN DE CHINA
Publicado en Audio con etiquetas política el 22 enero 2009 por kaprovskiEl otro día iba yo al Ministerio de Asuntos Exteriores y al pasar por el supermercado me dije “¿uhm, qué tal un poco de leche?”. Entré, y al abrir la nevera me encontré un niño angoleño.
-Niño angoleño, niño angoleño- dije
-¿Qué pasa?- dijo
-¿Allí qué idioma se habla?
-Allí hablamos portugués y elefantí.
Así que le traje a la sede de Dada Madrina donde disponemos de un pequeño estudio montado con el dinero que obtenemos de una ONG fraudulenta, y grabamos una canción. Se titula Hip hop brasileiro.
Vendo armónica con trocitos de encías angoleñas.
¿HAY VIDA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE, AL FONDO A LA IZQUIERDA?
Publicado en Vídeo el 22 enero 2009 por kaprovski¿Hay vida más allá de la muerte? ¿más allá incluso de Asia? Este video responde a muchas de estas preguntas, concretamente a siete de ellas, incluyendo la de si saldrá a la venta este verano ya por fin el refresco de paella o tendremos que esperar otro año más. Revelador, las 10:55, marejadilla.
ODA A LA MODA DE MODA
Publicado en Texto con etiquetas amor, crisis existencial, familia, marginalidad, ultraviolencia el 21 enero 2009 por soflowskyTodo lo narrado a continuación es rigurosamente cierto.
Después de esta mentira, paso a poneros en situación. Hace mucho tiempo tenía una existencia muy distinta a la que llevo ahora. Vivía de forma gratuíta en un frenopático, donde tenía cama y comida garantizadas, a cambio tan sólo de apuñalar en las duchas a los pacientes más violentos de síndrome de down. El caso es que llevaba muchos años viviendo en ese lugar, desde mi más tierna infancia, así que cuando el director de la institución me llamó a su despacho y me hizo saber que no podía quedarme más con ellos por una cuestión de espacio, rompí a llorar como un desesperado. El director, conmovido, me palmeó la espalda y me hizo saber que haría todo lo que estuviera en su mano para mantenerme lejos de él y de su casa de locos. ¿Por qué me dice eso?, quise saber. Largo, hijueputa, me contestó.
Así que me vi en la calle, solo y con lo puesto, en un mundo que me era totalmente ajeno y que no podía comprender. Veía a las personas cruzarse unas con otras y no arrancarse la mandíbula de un puñetazo; las mujeres paseaban en libertad, sin ningún hombre que las supervisase o vigilase, y no eran violadas, ni tan siquiera por los inmigrantes. Definitivamente, esta sociedad era lo más parecido a otra dimensión para mí.
Pero, por todos es sabido que el hombre es un animal capaz de adaptarse, así que no tardé en encontrar una forma de salir adelante. Le robé la pistola cuidadosamente a un policía que dormía borracho en el césped de un parque, con los pantalones bajados y encima de una mujer de aproximadamente dos años de edad, y la usé para atracar a un mimo que hacía su espectáculo en pleno centro de Madrid. Los viandantes, entusiasmados, pensaron que formaba parte del espectáculo, y aplaudieron con ganas cuando disparé a la rodilla del cerdo y salí huyendo con sus monedas de mierda tintineando en los bolsillos.
Después, en una callejuela, entré en un autoservicio regentado por gente extrañísima, de color amarillento, ojos como ranuras y habla deficiente, y les birlé unos cuantos sandwiches envasados que tenían en una de las neveras. Salí con ellos bajo el brazo y entonces reparé: no habían intentado detenerme. Defraudado, volví a entrar en el local y pregunté si tenían hijos. Me dijeron que sí, un niño. Les pedí permiso para conocerlo, a lo que accedieron encantados. El varón de esta extraña pareja salió de detrás del mostrador, caminó hasta la mitad del pasillo y una vez ahí se agachó y levantó una de las baldosas del suelo, descubriendo un escondrijo secreto donde apenas podría caber un mono pequeño. Pues bien, ahí estaba el niño, desnudo y bañado en orines, cubierto de plumas de gallina. Esa visión fue más de lo que pude soportar. Fuera de mí, cogí a la criatura por los pelos, lo levanté por encima de mi cabeza y estrellé su cuerpo repetidas veces contra el suelo, hasta que noté que su cuerpo dejaba de oponer resistencia rígida a los golpes, y entonces lo comprendí: no le quedaba ni un hueso sin romper. Después de eso, estreché la mano del padre calurosamente y prometí que volvería, esta vez a comprar, cuando tuviera dinero. El padre me despidió con una sonrisa al llegar a la puerta. Miré a la mujer. Me lanzó un beso. Me marché.
Encontré una pensión bastante agradable en el centro de la ciudad. En un principio, el dueño se negó a alquilarme una habitación. Esta pensión es sólo para putas, me dijo. Le hice saber que, si bien yo no era puta, era descendiente directo de una, lo cual pareció garantía suficiente a ojos del buen hombre, y me permitió así quedarme en su agujero inmundo. Me entregó las llaves y me guió hasta mi habitación. Abrió la puerta y lo primero que me encontré fue un cadáver semidescompuesto tirado en el suelo, junto a la cama. Pregunté, extrañado, por qué diablos ese cadáver no estaba desnudo. Lleva veinte días así, fue su última voluntad, me dijo. Yo dije que eso estaba muy bien, pero que no había que olvidar el sacramento de la profanación: todo cadáver debe ser despojado de la poca dignidad que le pueda quedar. El hombre, que era del todo razonable, comprendió lo que quería decir: entre los dos desnudamos al muerto y, una vez desnudo, nos masturbamos sobre él, cubriendo su calavera putrefacta con nuestro semen. Lámelo, le dije una vez que recuperé el aliento. ¿Qué?, contestó. Le maté de un rodillazo en la nariz. Estaba harto de tener que explicar cada detallito insignificante a la gente.
Me quedé solo con los dos muertos. Ya tenía una casa, algo de dinero, un arma de fuego y dos seres inertes a los que follarme cuando quisiera. Pero me faltaba algo. Algo que se me escapaba, pero que era del todo indispensable para acabar de integrarme en este nuevo mundo de oportunidades. Y de repente lo vi: la estética. Desconocía por completo qué look estaba de moda en esa ciudad y en ese momento. Angustiado por la idea de quedarme fuera de la sociedad, tuve una revelación. Descolgué las cortinas de la ventana, las extendí en el suelo, me desnudé y me tumbé sobre ellas. Rodé de un lado a otro, quedando cubierto por una especie de túnica. Me miré en el espejo: mi pene desproporcionadamente grande saludaba entre los pliegues de la tela. Eso me hizo gracia, tanta y tan intensa que acabé perdiendo la consciencia. Me desperté al día siguiente. Ya estaba listo. Cubierto en mi túnica sudada, bajé a la calle.
Antes de salir, eso sí, me acuclillé y cagué un poco en los mismos escalones de la salida. Mientras apretaba con deleite, pensaba en el niño de la tienda.
Creo que en ese momento me di cuenta de que estaba enamorado.
PARADIGMA DE LA TENDENCIA SUICIDA DE LA VIRGEN COMO RESPUESTA A SITUACIONES DE LIBRE ELECCIÓN
Publicado en Texto con etiquetas amor, destino, familia, incesto, muerte, sexo, vello púbico el 20 enero 2009 por kaprovskiCompartí útero con mi hermano. No sé quién salió primero pero estoy casi seguro de que no salimos a la vez. Éramos idénticos salvo que yo nací vivo. Luego yo seguí creciendo y el parecido fue menguando. Un día empezó a salirme vello púbico; ese día me dirigí a mi padre y le enseñé mi primer pelo muy orgulloso, pero no me hizo mucho caso. Abrí el cajón donde guardábamos los adornos de navidad y a mi hermano. Cogí el frasco y lo puse encima de la mesa, delante de él me bajé los pantalones un poco para enseñarle mi pelo. Él lo aprobó y se puso muy contento. Nunca fue envidioso.
Escuché a mi padre que se acercaba, así que cogí el frasco para devolverlo a su sitio pero con tanta prisa y miedo que se me cayó de las manos.
Mi padre hizo un par de llamadas por teléfono. Metió al bebé en una bolsa de hielo y se fue a que lo enfrascaran de nuevo. Minutos más tarde moriría en un accidente de tráfico.
Nunca se encontró el cadáver de mi hermano.
Unos tres años más tarde, superada la crisis emocional, mi madre y yo empezamos a salir juntos. Mi madre siempre fue del tipo de mujer conservadora y romántica, así que hasta la tercera cita no me dejó tocarle las tetas. Y ya en la sexta empezamos a acostarnos, (de esto me acuerdo porque sexo y sexta son palabras parecidas).
Al cabo de un par de años, creí que ya podía confiar en ella y la solté. Como resultado, se fugó.
Después de unos meses de depresión, lo único que me excitaba ya eran las vírgenes. Pero después del fiasco de mi madre, no quería volver a sentir que era yo quien llevaba la relación adelante. Quería sentirme elegido. “Mira, ahora voy a penetrarte violentamente. Si no me deseas, te puedes clavar este cuchillo aquí, o aquí, deja de llorar coño, presta atención… o aquí” Todas elegían el cuchillo.
Así, sin sexo, he estado seis años, y lo único que me entretenía era beber y escribir cartas anónimas con palabras recortadas de libros, hasta que un día, en la barra de un bar, un tipo me preguntó si yo era parte de su entorno, y le dije que en ese momento sí, luego que si yo era intelectual, y le dije que no pero que se me daba bien imitar cualquier cosa. Entonces propuso.
EL MANIFIESTO DE MI PADRE
Publicado en Texto con etiquetas familia, revelación, sexualidad, trauma, violencia doméstica el 20 enero 2009 por soflowskyUn día, mi padre volvió del trabajo más borracho de lo habitual. No obstante, se le veía alegre, ufano. Se sentó a cenar y ni dejó escapar una mala palabra, ni nos agredió brutalmente hasta partirnos un puto hueso, como venía siendo costumbre desde que el mundo era mundo. Sabíamos que algo bueno flotaba en el ambiente y nos dispusimos a escuchar lo que ese hombre sabio tenía que decir:
- Escuchadme una cosa, familia. Quiero que sepáis algo. A partir de ahora, las cosas en esta casa van a cambiar. Y para bien, ya lo veréis.
Mi hermano no pudo menos que interrumpirle:
- ¿Se acabó la esclavitud sexual, tal vez?
- Nada de eso. Vosotros sois míos, y es mi derecho disfrutaros, para eso os engendré. Se trata de otra cosa.
- Ah.
El hombre se puso en pie. Se colocó una mano en la tripa y levantó la otra por encima de su cabeza, dirigiéndola arriba, muy arriba, hacia las estrellas que nos hacían un bukkake de luz por encima de nuestras cabezas.
Y se puso a declamar.
Básicamente vino a decir que había inventado un nuevo sexo, que no era ni el masculino ni el femenino ni tampoco la suma resultante, y que iba a operarse para ser el pionero en tamaña empresa. Dijo que ya no sería hombre ni mujer, sino “george”, pues así se llamaba el nuevo sexo de su invención, y que, por favor, no nos refiriéramos a él como “Papá” ni como “Mamá II”, sino simplemente como “Demiurgo”. Por lo demás, concluyó, todo seguiría como siempre. Acto seguido, nos apalizó y sodomizó salvajemente con un hierro candente, a todos y cada uno de nosotros, por riguroso orden de mayor a menor, profiriendo carcajadas dementes.
Bueno. Un tiempo después, este hecho seguía atormentando mis interiores de terciopelo. Lo que pudo haberse quedado en una mera anécdota familiar acabó enquistando en un trauma de difícil solución, y por eso acudí a la consulta de un especialista.
Frederick W. Rochon, especialista de cine tres veces nominado a los premios de la academia de policía, me dijo que la solución era sencilla, pero radical: buscar a la persona más intelectual y homosexual de mi entorno y abrir junto a ella un blog de metafísica.
Y ya está, coño, no hay otra razón que esa. Salud.